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Vargas y Linares dos grandes en una misma época

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Por Julio Duarte Alonso

Hace varios días observando en la Televisión Nacional un programa, cuyo nombre resulta llamativo, Confesiones de Grandes, sentí necesidad de escribir estas líneas.Resulta que fue invitado el ex pelotero industrialista Lázaro Vargas, que con hablar pausado y reflexionar sincero, por momentos, le puso los pelos de punta hasta el más guapo del barrio.Vargas llenó una época importante en el béisbol nacional, vistiendo el uniforme de Industriales y coincidiendo, durante casi toda su carrera, con el astro pinareño Omar Linares.Los dos fueron tercera base. Linares era un fuera de serie, lo cual originó un fatalismo histórico-deportivo del habanero, como muchas llaman aún.Pero ciertamente, tanto en lides nacionales como internacionales, ambos mostraron su extraordinaria calidad. Vargas fue Vargas y Linares fue Linares. Sin dudas, este último, el mejor del mundo amateur.No obstante considerarse el pinareño el primer y único obstáculo del capitalino para poder ser regular en el equipo Cuba, años después éste revela “Yo siempre sentí una gran admiración por Omar Linares, fue un atleta extraordinario, buen compañero, amigo y ser humano”, dice el gran ídolo del equipo Industriales.Casi a renglón seguido confiesa que el estadio donde más le gustó jugar fue el Guillermón Moncada, de Santiago de Cuba, porque siempre estaba lleno, y donde más le chiflaban, el Capitán San Luis, de Pinar del Río.En franco y ameno intercambio con el periodista, Vargas no ocultó su profunda admiración por Luis Giraldo Casanova y Castillo, conocido en toda la Isla como El Señor Pelotero, extraordinario, único, dentro y fuera del terreno, también oriundo de esta región, la más occidental del país.A este comentarista le gustó tanto el programa Confesiones de Grandes, de la Televisión Cubana, que quizás las cosas primordiales que deseó expresar primero, las dejó para el final.El periodista le pregunta a Vargas ¿cuándo te convenciste que debías retirarte?Y el respondió: “Cuando los batazos que antes fildiaba con facilidad pasaban por mi lado y ni siquiera los veía, cuando los reflejos me traicionaban y sentía me ponía torpe para jugar, cuando regresaba a casa y mi hijo me comentaba, papi pero ya tu no bateas; en ese justo momento pensé retirarme.“El ser humano necesita saber no solo cuándo comienza, sino también cuándo termina, es duro, muy duro, pero aceptas el reto”, finalizó su oportuna reflexión el ex tercera base de Ios azules. En cualquier otra parte del mundo el final de la vida como atleta es olvido, tragedia o pesar, pero en Cuba, es el comienzo de una nueva etapa, pues hasta después del adiós, el deportista es útil e importante.Junto al extraordinario placer de ver crecer tus hijos y nietos, ahora sientes otra responsabilidad, la que emana de tu misma historia.



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